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EL DERECHO A LA EDUCACIÓN

DESDE EL MARCO DE LA PROTECCIÓN INTEGRAL DE LOS
DERECHOS DE LA NIÑEZ Y DE LA POLÍTICA EDUCATIVA.

 

La educación es también un clamor por la infancia,
por la juventud que tenemos que integrar en nuestras sociedades
en el lugar que les corresponde,
en el sistema educativo indudablemente
pero también en la familia, en la comunidad de base, en la nación.
Jacques Delors

 

 

El derecho a la educación es, sin duda, uno de los más importantes derechos de la niñez y
quizás el más importante de los sociales. Aunque no se puede, en sentido estricto, plantear
que existan derechos importantes y otros secundarios, la afirmación anterior se funda en el
hecho según el cual es a través en buena medida de la educación en sus distintas formas y
modalidades como el ser humano, biológico o específico, deviene en ser social, en persona,
en hombre o mujer, y es a través de ella que adquiere las condiciones y capacidades
necesarias para vivir en sociedad. En este sentido, la educación en todas sus
manifestaciones es la vía por excelencia de la socialización humana, es decir, la vía de su
conversión en un ser social.
A diferencia de lo que ocurre en otras especies, el animal humano al nacer, más que un
humano propiamente dicho, social, cultural y espiritualmente hablando, es un proyecto, pleno
de potencialidades por realizar, de hombre o mujer. Es un animal altamente indefenso y
dependiente, con un cuerpo y, sobre todo, con un cerebro por construir (esta noción no
excluye la dimensión sensible del ser humano ni la espiritual) sobre la base de una carga
hereditaria específica que lo identifica como miembro de la especie de los humanos,
dotándole de una estructura física y de un “modus operandi” o modo de funcionamiento
propio de la misma (la herencia funcional),
además de un conjunto de caracteres derivados de su carga genética individual. Sobre esta
base y merced a las múltiples y diversas interacciones que tenga con su entorno, irá
construyendo su desarrollo como ser individual y social.
A este proceso han de contribuir otros(as) humanos(as), permitiéndole desarrollarse y, a la
par, adquirir numerosos aprendizajes acerca de la sociedad y de la cultura en que está
inmerso de modo que pueda vivir en ella, gozar de ella y aportar a sus semejantes.