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Sería una vergüenza que Venezuela esté en el Consejo de Derechos Humanos

Venezuela es el único país de la región que se ha postulado para ocupar la silla que dejará vacía Cuba este 31 de diciembre. Así, el chavismo podría terminar absurdamente ocupando un lugar en la comisión encargada de velar por el cumplimiento de los derechos humanos.

Quienes los vieron cuentan que llegaron en camionetas negras sin placas. Vestían, todos ellos, ropajes oscuros y pasamontañas que impedían verles el rostro. Descendieron de los vehículos sosteniendo armas largas e irrumpieron en los hogares abruptamente.

Una vez adentro, separaron por género: a las mujeres y niñas las violentaban, obligándolas a desnudarse; a los hombres, en su mayoría, les descerrajaron “uno o más disparos” en el tórax. Antes de huir, adulteraron la escena del crimen, ‘sembrando’ droga y armas entre sus víctimas, y disparando contra las paredes para simular un enfrentamiento ficticio.

Lo anterior es la descripción que se halla en el informe publicado el pasado julio por la alta comisionada para los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, sobre el modus operandi de las FAES (las Fuerzas de Acciones Especiales de Venezuela), una unidad creada por el régimen de Nicolás Maduro en el 2017 para luchar contra el narcotráfico y el crimen organizado, pero al que muchos venezolanos han pasado a conocer, de manera elocuente, como el “grupo de exterminio”.

Según la ONU –y atendiendo a las cifras del propio régimen–, este escuadrón constituido por el chavismo habría ejecutado extrajudicialmente (bajo el eufemismo de “muertes por resistencia a la autoridad”) a más de 6.800 personas entre enero del 2018 y mayo de este año. La ONG Observatorio Venezolano de Violencia, por su parte, afirma que, en realidad, el cálculo para dicho período asciende a más de 9.000.

Ninguna lectura, sin embargo, atenúa la carnicería que ha operado el chavismo. Esto, vale decir, por no hablar de los otros atropellos que registra el régimen, como las detenciones arbitrarias o los torturados con descargas eléctricas, palizas, violencia sexual, privación de agua y comida, etc…

Ahora, y aunque suene descabellado, ese mismo régimen se encuentra postulando a uno de los ocho asientos que le corresponden a América Latina en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Una candidatura que, a estas alturas, parece encaminarse inexorablemente hacia la victoria por falta de competidores.

En efecto, tal y como advirtió nuestro columnista Andrés Oppenheimer, Venezuela es el único país de la región que se ha postulado para ocupar la silla que dejará vacía Cuba este 31 de diciembre.

Así, el chavismo podría terminar absurdamente ocupando un lugar en la comisión encargada de velar por el cumplimiento de los derechos humanos en todo el planeta, a pesar de la galería de denuncias que carga en su contra –algunas, inclusive, de la misma ONU– por justamente violarlos. Una idea tan disparatada como encargarle al matarife a averiguar quién acabó con al rebaño.

Tanto o más vergonzoso que lo anterior, empero, es que el resto de países latinoamericanos no haya exhibido la menor preocupación por esta circunstancia, ni que se hayan preocupado por consensuar la fórmula –por ejemplo, aupando dentro de la ONU una candidatura alternativa– para evitar tan delirante escenario.

Algo que podría entenderse entre los cultores que todavía arrastra el chavismo en el vecindario, como Nicaragua o Bolivia, pero que es injustificable viniendo del resto de líderes que han exigido en los últimos tiempos el cese de la represión en el país caribeño.

Considerando el tiempo restante hasta la elección de octubre y la cantidad de votos que se necesita cabildear para salir elegido (126 países), parece poco probable que otra candidatura pueda desbancar a la venezolana. Ante ello, vale preguntarse si nuestra cancillería estuvo al tanto de esta nominación y si hizo algún esfuerzo de coordinación con sus pares para contrarrestarla.

Al fin y al cabo, ¿no se supone que este tipo de cosas eran precisamente aquellas para las que el Grupo de Lima –al que el presidente Martín Vizcarra parece importarle muy poco– se había creado?

Su concretización será, por supuesto, una marca ignominiosa para los demócratas de la región pero, por sobre todo, una burla para los miles de venezolanos cuyos cuerpos han sido sistemáticamente pisoteados por la satrapía y que siguen siendo maltratados con este tipo de actos.

Israelnoticias

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